| Un granito de arena |
¿Honores o blanqueo de imagen?
Por Rodolfo Arenas *
En el ya muy lejano 1991, tuvimos que echar mano a la frase “The show must be go on” para consolarnos por la muerte de Freddie Mercury. El sentido entonces era enjuguemos nuestras lágrimas porque la música tiene que seguir sonando. Por estos días de 2009 hemos vuelto a recordar esas palabras; pero esta vez tiene adquiere otro significado. Hoy más bien significa como prolongamos más allá de la muerte el partido que le podemos sacar a un pobre ser humano, un monstruo hermoso (se ruega leer mi crónica anterior), que tuvo suerte de cantar muy bien y ser mejor bailarín, llamado Michael Jackson. Claro, el rey ha muerto, así que vendamos discos, poleras, giras mundiales, chapitas, devedés, etc., etc. Y aseguremos que su imagen se mantenga en alto, un poco para su lugar en la historia y otro poco para las reediciones de grabaciones, los pins conmemorativos y los shows de aniversario que vendrán en el futuro. Las honras fúnebres del artista fueron las más mediáticas de la historia, superando incluso a las de Diana de Gales. Con más de mil millones de televidentes a lo ancho del orbe (en Chile los cuatro canales principales lo transmitieron simultáneamente) y un número mayor de muestras de cariño y emoción de sus fans. Pero no nos engañemos, la ceremonia fue también una apuesta mediática de comunicación estratégica, para asegurar el lugar del cantante y bailarín en la industria musical. Primero el blanqueo de imagen de la familia Jackson. Todos llorosos, todos de negro, varios sin un asomo de vergüenza. Acá no ha pasado nada, perdimos un hijo, un hermano y estamos tristes. Y después a anunciar la gira de reencuentro (post mortem) de los Jackson Five. Luego el intento de clarificar su lugar en la sociedad. Con derroche de afroamericanos (hubo momentos que el único blanco en el escenario era Michael). Reconciliar la imagen del artista con su cultura, con la que él llevó una muy ambigua relación. Según algunos analistas, Jackson habría adelantado el ascenso de Barak Obama; yo preferiría creer que la vanguardia en ese aspecto fueron Martin Luther King, Sammy Davis Jr. y Mohamed Alí; que Jacko era el adulto negro que quería ser un niño blanco. Más la encarnación de la era Reagan que el precursor de Obama. Y finalmente dulcificar la imagen de su propia familia. Con su hija Paris dado la cara por primera vez, sin velos ni máscaras, para despedirse con la emoción de una niñita transmitida en directo. Precisamente la hermana del niño que Jackson colgó en un balcón para mostrárselo a sus fans. La hija del medio de la prole conseguida en laboratorio. Michael Jackson fue un artista muy interesante, el rey de esa comarca algo tránsfuga del pop estadounidense, pero que está en nuestra memoria emotiva y seguramente le pone música a muchos instantes de nuestras vidas. Pero no por esas inmensas virtudes hay que olvidar sus miserias. Así como tampoco que habiendo tantos millones y millones en juego, nada es gratis. * Periodista de Cultura y Espectáculos |
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