Dios nos libre
Epifanía festivalera
 


Ya sé que tendríamos que hablar del éxito de Américo o de las debilidades de Tito, el bambino; pero todavía no me repongo de lo que pasó con la reina, Carolina Feroz. Américo: buen conjunto, ha mejorado mucho vocalmente, interesante propuesta escénica y muy bien dosificadas las canciones. Incluso frente a su parecido con Marc Anthony hace lo mejor que puede hacer, no lo trata de ocultar.

Por Rodolfo Arenas R.



Epifanía etimológicamente significa “aparición”, pero en lenguaje religioso se usa para denominar la manifestación de Dios, un momento milagroso. No, estimado lector, no se equivocó, esto es Opine.cl y el comentario de espectáculos, del Festival de Viña, no entró por error a la web de un credo.

Estas explicaciones se deben a que todavía no me repongo de lo que escucharon mis oídos durante la proclamación Carolina Feroz I, nueva reina de Viña. Parto adelantando que conozco a Carolina Arregui desde sus primeras telenovelas y me parece una linda persona, que tuvo sus momentos malos, pero nadie está libre de eso, y que el público, si bien no tanto como en la época de “Angel Malo”, en que ella era una niña buena, todavía le tiene mucho cariño.

Pero lo que pasó en la coronación (la ceremonia seria, no el tristemente célebre piscinazo) superó todo lo que esperaba escuchar alguna vez en la vida. Un periodista, obviamente de Canal 13, estaba tan emocionado por el triunfo (recordemos que esto es parte de la guerra del canal universitario por sobrevivir) que se dejó llevar por su entusiasmo.

Primero declaró a Carolina “reina de la gente, reina del pueblo”. Me parece excesivo, ganó con noventa y tantos votos, no fue un plebiscito nacional, pero puede pasar. Pero enseguida agregó que Carolina estaba “un paso más cerca de Dios”.

Madre mía, estaba en presencia de una epifanía festivalera, nuestro Padre se manifestaba a través de la elección de la reina y indicaba con el dedo a su elegida, Carolina Arregui. Juana de Arco es una alpargata después de esto.

Ustedes dirán que no pasa de ser una anécdota intrascendente. Sí, en parte. Es una anécdota, pero demuestra ya con exageración cuanto sobredimensionamos el Festival.

Américo a morir

Pero volvamos a lo nuestro, como decía el inolvidable Julio Martínez. Después de una obertura que sobra y un número de ilusionismo que también sale sobrando, se presentó la gran carta local 2010: Américo.

Y no decepcionó: buen conjunto, ha mejorado mucho vocalmente, interesante propuesta escénica y muy bien dosificadas las canciones. Incluso frente a su parecido con Marc Anthony hace lo mejor que puede hacer, no lo trata de ocultar.

Lo mejor fue la respuesta del público. En la Quinta (sus incondicionales, así que eso estaba listo de antemano), a través de la televisión y, me cuentan, Arica fue un carnaval.

Reitero que no me gusta ese tipo de música, pero hay que ser honesto, fue lo mejor de la noche y seguramente estará entre lo más destacado del certamen.
Ahora viene lo más difícil para él, superar la moda, instalarse como un artista (para eso internacionalizarse es fundamental) y no limitarse a aprovechar la racha y pasar el resto de la carrera recordando que alguna vez triunfó en Viña.

No hay que confundir triunfar a morir con triunfar y luego morir. Y en el espectáculo chileno normalmente son dos situaciones muy cercanas.

Tito, el pedigüeño

La autoreferencia es una moda en la música tropical y en el reggaetón (lo hace Américo, lo hace mucho “La Noche”). Pero lo de Tito, el bambino, fue una exageración. Se dedicó a hablar de sí mismo, de Puerto Rico, de sí mismo, de lo bueno que era y de cómo tenían que quererlo. Recién vino a cantar al final del show, cuando ya era demasiado tarde. Una mala estrategia para un mal show.

Claro que se llevó todos los premios, pero eso se debe a dos factores. El primero es que los premios valen un carajo, se dan al mayoreo. Y el segundo es que los pidió tanto, rogó, casi suplicó, chantajeo, solicitó de nuevo y pidió que lo ayudaran a pedir, que ya era una falta de hospitalidad no darle varios.

Mi abuelita siempre me decía: “Mijito, cuando vaya a una casa de visita, reciba lo que le ofrezcan y agradezca, pero no se ponga a pedir usted, no sea pedigüeño”.


(Foto: Gentileza El Mercurio)


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24-03-2010 1:49 Hrs.
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