O debería serlo, pero el Festival insiste con su estética de árbol de Pascua: llenar de chucherías. Anahí también me sobra, aunque tengo que reconocer que me gustó. Claro que canta mucho menos que en los discos. Los que sí tenían que estar eran “Reik”, la entrada para adolescentes, y Don Omar, el plato de fondo perrero.
Por
Rodolfo Arenas R.
Reconozco que con esto del viaje he visto menos Festival que lo que debería, pero ya estoy de vuelta. Y de lo poco que logré ver, sigo pensando que ese viejo adagio que sirve para todo menos para las papas fritas: menos es más.
Lo pienso por la idea de pocos números pero buenos. Partiendo por la apertura, que debería ser saludando y anunciando el primer artista, puro y simple.
Magic Twins son buenos, pero nada del otro mundo. Y son el número justo para un estelar, sin embargo en Viña, aunque les vaya bien, salen sobrando. Y Soledad Onetto, que es adecuadamente pudorosa en cuestión de besos, como corresponde a una dama, debió evitar su “koala”.
Anahí también me sobra, aunque tengo que reconocer que me gustó. Claro que canta mucho menos que en los discos, obvio, así pasa con los artistas prefabricados, pero me gustó su osadía. Ella pudo cantar temas de “RDB” e irse a camarín satisfecha, pero se jugó con un cover muy teatralizado. Más que a Lady Gaga, me recordó la novia de “Kill Bill”.
Pero sobran los dos, la promesa de terminar temprano cada jornada se diluye. La segunda noche el show se alargó hasta bien entrada la madrugada, cuando ya no hay cámaras ni más público que los incondicionales del artista que cierra. Se acuerdan de mis temores: el terno oscuro, pero debajo hawaianas amarillas.
Dios me libre de ser jurado
Los que sí tenían que estar eran “Reik”, la entrada para adolescentes, y Don Omar, el plato de fondo perrero. La banda bien en lo suyo y el reggatonero, aunque no lo vi, me cuentan que estuvo bien y los premios hablan de la respuesta del público.
Ahí viene otro exceso, los galardones. Imaginemos a un científico que consigue algún logro excepcional y la academia sueca le otorga el Nobel, el tipo se emociona y agradece, pero cuando se va retirando lo hacen volver al podio para recibir el mismo Nobel de nuevo, desorientado baja y lo regresan para recibir el Nobel de plata y después, cuarta subida al podio, el de oro. Cuando es más de uno, el galardón se devalúa.
Pero Viña insiste en su estética de arbolito de Pascua: colgar todas las chucherías posibles. Y ojo que el kitsch sólo le resulta a Almodóvar.
También sufren de excesismo los programas satélites y parásitos, en que pareciera que mientras más gente meten al estudio fuera mejor (pero de eso ya hablaremos luego, hay mucho paño que cortar).
De la competencia, mantengo la misma pregunta: ¿cómo medimos “Satisfaction” con “La vie en rose”? Pueden ganar todos y si me apuran, la menos fuerte es la chilena. Menuda tarea tiene el jurado, cualquier decisión será injusta.
Adelanto mi voto
En mi primera nota dije que no me importaba la reina, pero me arrepiento (contradecirse es también un derecho humano). Tengo mi favorita definida y si no es candidata, la pienso postular y me ofrezco incluso para jefe de campaña.
Aunque el voto es secreto, adelanto que voy a votar por Anahí. La mexicana me parece que devolvería el cetro a quien corresponde: una artista del Festival, no a empiluchamientos ni campañas promocionales. También, si me apuran, podría ser Funny Lu, ella también tendrá mi voto si es postulada.
Respecto al rey feo, ahí sí que me da lo mismo.