Festival Viña del Mar 2010
Camiroaga y Onetto son enemigos
 


Comienza el carnaval y toda su parafernalia. Pero no se engañen mis queridos lectores con los artistas malos, exceso de estupideces y despliegue de silicona que verán en pantalla: la verdadera procesión va por dentro: la guerra a muerte entre TVN y Canal 13. Opine.cl les entrega su particular visión.

Por Rodolfo Arenas R.



Me importa un pucho la reina del Festival. No me interesa en lo más mínimo la ropa que usaron las figurillas en la gala ni los trajes que lucirán los animadores en la Quinta Vergara. Y la vieja pregunta sobre si son malos o no los artistas del show me suena completamente baladí.

Pero Viña me ocupa y me preocupa. Y mucho. Se nos viene encima una nueva edición del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar ad portas y hay que enfrentarla como corresponde.

Hay que reconocer que es nuestro carnaval. Que a falta de fiestas como las que disfrutan Río de Janeiro, Montevideo, Venecia y otras tantas localidades, en Chile tenemos el Festival.

Tenemos que estar felices porque al fin se planificó con la cabeza (aunque me tinca que tiene que ver también con ajustes presupuestarios) y hay menos números de relleno y dos artistas por noche tendrán la oportunidad de ofrecer su show íntegro, complaciendo además las solicitudes del público, sin necesidad que el espectáculo se alargue hasta la hora de los matinales.

Los artistas están bien. No es que me gusten, de hecho veré con agrado a muy pocos, pero la parrilla responde a lo que es Viña: una fiesta popular. Por ejemplo, nada me puede agradar menos que la poesía “mamona” de Arjona, llena de lugares comunes y rimas forzadas, amén de lo repetido; pero fue el primero en agotar las localidades en su noche, lo que demuestra que tiene que estar.

Tampoco me gusta Américo, con su aire de Marc Anthony regional y su estética de novio de torta, sin embargo nadie puede negar que es el principal candidato a llenarse de antorchas y gaviotas. Me carga el reggaeton, de estructura musical debilísima y una mirada trasnochada y prejuiciosa frente a lo femenino; sin embargo el género tiene tres ídolos (Daddy Yankee, Don Omar y Tito, el Bambino) y el primero ya vino y los dos últimos estarán esta semana en la Quinta Vergara.

Gústele a quien gústele y disgústele a quien le disguste, como decía un caballero, el show es para el público y a eso responde. Y, aunque le duela a mi oreja que esperaría a Rolling Stones o Ismael Serrano, está bien.

Y, finalmente, a la competencia no hay que tomarla en serio, es un juego. No se pueden comparar canciones fundamentales de cada cultura, pero que responden a distintos momentos históricos en lo artístico y lo social, es como comparar la “La Gioconda” con el “Nacimiento de Venus”, o el Brasil de Pelé con la Argentina de Maradona.

El festival este año, pareciera que se puso por fin, especialmente por la decisión de acotar su oferta, un terno oscuro.

La kermesse de colegio

Sin embargo, todos sabemos que si levantamos un poco la pierna del terno, debajo está con hawaianas amarillas. Es el espíritu de kermesse de colegio de barrio que todos llevamos dentro.

Tenemos que esperar metidas de pata (ojalá no tan descomunales como lo que pasó el año pasado con Farkas), supuestos romances, relaciones que no tienen nada de romance, escandalillos menores, escándalos inventados, chicas que tienen la silicona como mayor talento, detalles insignificantes magnificados hasta la saciedad por los programas satélites y parásitos, etcétera, etcétera.

Pero, reconozcámoslo, sería una lata que esto no sucediera. Esto es el carnaval, acordémonos, amables lectores, y tiene que pasar algo de eso. Eso es el carnaval, la “carne” antes de cuaresma, el pecado generalizado antes del recogimiento.

Sin embargo, lo ideal sería que estos aspectos secundarios fueran tratados como lo que son, como aspectos secundarios. No que aparezcan en portada de los medios oficialmente serios, opacando las informaciones que sí son relevantes. Digámoslo con todas sus letras: me tiene más intranquilo la posible alza de la bencina por el fin de subsidio que el éxito o fracaso de Carlita Ochoa.


La guerra interna

Sin embargo, y abusando de vuestra paciencia, me gustaría sugerir que lo realmente significativo es lo que no se verá en pantalla.

Este será a todas luces el último año de la dupla TVN y Canal 13 a cargo del certamen. Ha sido, indudablemente, un muy mal negocio para el canal católico, que puso la casa, buscó la música y preparó el cóctel, para ver finalmente como la televisora estatal, que llegó a último minuto aportando un pack de cervezas, bailó siempre con la chica más guapa.

La lucha entre ambas estaciones será sin cuartel, peor que en años anteriores, en que la sangre siempre estuvo a minutos de llegar al Marga-Marga. Por eso los programas satélites han reforzado sus equipos hasta la saciedad y están dispuestos a hacer cualquier cosa. Y lo digo literalmente: cualquier cosa.

Es que la crisis de la TV se nota cada vez más. El rating ya no es lo que era (ni siquiera con el Festival) y los dineros, luego de un año que no fue bueno en lo económico, van a escasear.

Y mientras TVN está mejor preparado, en el primer lugar y con el Mundial de Fútbol como gran arma; Canal 13 arriesga una temporada letal: está cuarto en sintonía y no se le ve ningún gran proyecto. Más vale que el lobo de “Feroz” muerda fuerte, porque sino la noche seguirá cada día más negra en la estación universitaria.

Chilevisión y Mega, en tanto, sacan partido con sus espacios parasitarios al evento de los otros dos. Son los “paracaidistas” de la fiesta que arma el 13 y disfruta TVN. (Si me apuran, en el caso de que el Festival lo transmitiera el Canal del Fútbol, las otras estaciones tendrían que pagar por las imágenes).

Por lo que vamos a ver una guerra. La vieja pugna entre el prestigioso show que debería ser y la picantería que normalmente se cuela; pero también la dura lucha de Televisión Nacional por afianzar su liderazgo y de Canal 13 por sobrevivir.

No se engañen, queridos lectores. Camiroaga y Onetto se pueden ver de lo más amigos sobre el escenario, pero en el fondo son enemigos.


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