| Tortilla española |
Cuestión de percepción
Por Álvaro Gónzalez, desde España
Salvo lo de Jaime Ravinet, el gabinete de Sebastián Piñera no mostró mayores sorpresas respecto a lo que venía planteando desde su campaña. Un gabinete de excelencia en el sentido más propio del futuro mandatario, muy fuerte en cuanto a experiencia en el mundo privado y sólido en materia intelectual, cargado principalmente a los postgrado en Estados Unidos. Un gabinete también que permite ver después de muchos años con tremenda nitidez la realidad política de Chile y las visiones de país distintas que hay entre la centro izquierda y la centro derecha. Mientras en los gabinetes de la Concertación primaban personajes con extensa trayectoria política, el del presidente electo está formado especialmente por figuras del mundo empresarial, tecnócratas altamente calificados si de gerenciar se trata. En tanto, la Concertación buscó mirar en los gabinetes la clara oportunidad de dar señales de paridad de género, Piñera obvió esos criterios, quizás decidiendo por perfil y currículum, más que por compromisos sociales. Mientras gran parte de los ministros de estos veinte años provenían de la educación y servicio público, el nuevo equipo proviene en su mayoría de colegios privados de excelencia pero, reservados sólo para un sector de la sociedad. Los gobiernos de la Concertación se esmeraron en dar un perfil ecuménico a su visión de país, con la separación clara entre fe y Estado. Hoy el cuento es distinto, gran parte de los nuevos ministros pertenecen a agrupaciones católicas tremendamente conservadoras como el Opus Dei, ejemplo Joaquín Lavín futuro titular de educación. Si bien en el gabinete de Piñera las neuronas parecieran sobrar, esto también permite tener una mirada del perfil del futuro gobierno. El grueso de su cuadro proviene de la Universidad Católica, más de la mitad son ingenieros y economistas, y casi todos quienes tienen estudios de postrado lo realizaron en Estados Unidos. Esto deja en evidencia que este gobierno buscará maximizar las oportunidades de desarrollo, utilizando los principios de la economía y la visión norteamericana de sociedad, donde el escudo en el pecho es el libre mercado en todo sentido y en todas las áreas, muy diferente a lo que se intentó construir en el país, siguiendo el modelo europeo en el que prima la economía social de mercado, donde los servicios básicos están garantizados y con una elevada calidad. Hoy entramos en una nueva etapa, una nueva forma de construir Chile, con metas similares, pero percepciones y caminos completamente distintos, con prioridades diferentes y también con nuevas oportunidades. Es de esperar que estas nuevas oportunidades lleguen a todos los chilenos. Periodista |
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